Patagonia

Recorrimos durante dos semanas la Patagonia en el coche que nos prestó el tío Julio. El primer día salimos de Villa Carlos Paz hacia la que sería nuestra primera parada, Puerto Madryn, nos llevó más de 16 horas llegar hasta allí. Como teníamos pocos días y las distancias son muy grandes queríamos aprovechar al máximo.

Llegamos allí de madrugada y al día siguiente nos despertamos temprano para dirigirnos a Península Valdés desde donde se realiza el mejor avistaje de ballenas francas australes. Llegan de Junio a Diciembre a estas aguas para reproducirse y cuidar de sus crías antes de emprender su largo viaje de retorno a la Antártida.
Desde Puerto Pirámides salen los barcos que realizan los avistajes. Las empresas que los llevan a a cabo, lo hacen de manera respetuosa con el medio ambiente, ya que, a diferencia de otros lugares en los que hemos estado, éstas no persiguen a las ballenas de forma indiscriminada y hay pocas embarcaciones en el mar al mismo tiempo realizando esta actividad.
Pudimos ver un gran número de ballenas, algunas de ellas con sus crías, nadando y jugando cerca de la embarcación, y aunque ya habíamos visto algunas en Ecuador, esta vez fue más especial, por todo lo que hemos comentado anteriormente.

Recorrimos Península Valdés pasando por Punta Delgada y Punta Cantor, donde pudimos ver lobos, leones y elefantes marinos. Allí estuvimos hablando con los guarda parques y nos explicaron que en ocasiones las orcas se acercaban a la costa para alimentarse de las crías de los leones marinos, y nos invitaron a dormir esa noche allí para poder ver el amanecer al día siguiente, aunque nos hubiese encantado, el tiempo no nos lo permitía. Así que continuamos el viaje pero lo que si nos llevamos fueron unos alfajores caseros como obsequio de nuestros nuevos amigos.

Al día siguiente, Ester se levantó con gripe, pero teníamos que continuar así que fuimos a Punta Tombo donde habita una de las mayores colonias de pingüinos de Magallanes. El paisaje es único, el suelo está repleto de nidos donde los pingüinos ubican cuidadosamente sus huevos.

De allí seguimos camino hasta Comodoro Rivadavia, un pueblo con poco encanto pero que nos sirvió para descansar un par de días, a base de sopas y cama, ya que al final caímos las dos enfermas.

De allí continuamos la ruta hasta el Calafate, descartando Ushuaia por falta de tiempo. El Calafate es un pueblo a la orilla del lago Argentino.
Es punto estratégico para visitar el famoso glaciar Perito Moreno, aunque desde aquí también hay la posibilidad de visitar otros glaciares.
Hay muchas agencias que ofrecen distintos tours por el glaciar, pero nosotras al disponer de coche fuimos por nuestra cuenta, y se sumó una chica estadounidense que conocimos ese mismo día en el hostal.
Conforme vas llegando con el coche, ya se puede observar parte del glaciar, pero una vez entras hay las plataformas que permiten verlo más de cerca.
Si permaneces allí un rato puedes oír el crujido del hielo, incluso observar como caen algunos bloques. Es un lugar increíble, e imprescindible si se visita la Patagonia.
Por la tarde aprovechamos para visitar el centro del pueblo, donde en la calle principal se encuentran la mayoría de restaurantes y comercios.

Al día siguiente nuestra idea era seguir por la ruta 40 dirección Bariloche, pero al llegar al pueblo de Tres Lagos nos encontramos con la carretera cortada por las lluvias de los días anteriores. Hablando con gente que estaba en la misma situación, pensamos en esperar hasta la tarde para ver si la abrían, pero finalmente viendo que no la abrían pensamos que lo mejor era dar la vuelta y llegar a Bariloche por la otra ruta, aunque esto suponía volver para atrás, pero fue la mejor decisión, ya que días mas tarde la carretera seguía cortada.

Paisajes de camino a Tres Lagos

Carretera cortada a la altura de Tres Lagos

Esa noche la pasamos en Rio Gallegos, puerta de entrada a Ushuaia, y estando tan cerca, decidimos que teníamos que ir aunque fuese un par de días. Así que al día siguiente nos dirigimos hacia allí. Para llegar a Ushuaia por tierra se pasa por una zona que es territorio chileno, con lo cual hay que pasar un control de aduanas y aquí acabó nuestra aventura hacia Ushuaia ya que aun teniendo la autorización del coche, un extranjero no puede sacar del país un coche argentino, a no ser que sea alquilado. Tuvimos la suerte de toparnos con Osvaldo, el jefe de aduana, que hizo todo lo posible por ayudarnos, pero finalmente no se pudo.

Así que regresamos a Rio Gallegos para pasar la noche y seguir camino al día siguiente hacia Comodoro Rivadavia, donde paramos una noche antes de seguir hasta Bariloche.
Bariloche es otro de los lugares más turísticos de la Patagonia, se encuentra en el parque nacional Nahuel Huapi y es puerta de entrada a una de las mas bonitas regiones del país con sus lagos, ríos, cumbres nevadas y su variada vegetación.

Camino a Bariloche

El primer día hicimos el circuito chico, un recorrido que va bordeando el lago Nahuel Huapi, el más grande de todos los lagos de la región. Hicimos parada en la capilla San Eduardo construida con piedra y troncos de ciprés de la zona.
De allí nos dirigimos al Parque Municipal Llao Llao donde hay varios senderos que lo recorren. En este circuito también visitamos el lago Escondido, un precioso lago escondido entre el denso bosque.

Capilla San Eduardo

Interior capilla San Eduardo

Bosque de Arrayanes

Lago escondido

Lago Escondido

Bariloche

Al día siguiente visitamos la Colonia Suiza, un pequeño pueblo donde los miércoles y los domingos hay un mercado artesanal donde también se puede comer el plato típico, el curanto. Se hace un hoyo en la tierra se colocan piedras típicas de los lagos del sur que se calientan cono anterioridad, sobre estas piedras de ponen un colchón de hojas y sobre éstas, los ingredientes, carne de vaca, pollo, chorizo, zanahorias, cebolla… se vuelve a tapar todo con hojas y luego se cubre con abundante tierra.

Como fuimos un sábado solo habían un par de paradas abiertas, por lo que volvimos a Bariloche donde probamos el famoso cordero patagónico.

Cordero Patagónico

De allí subimos al cerro Otto, que cuenta con una confitería giratoria con unas vistas panorámicas espectaculares. Se puede ir en teleférico o subir directamente en coche, pero se ha de tener en cuenta que igualmente hay que pagar una entrada para acceder a la confitería, de modo que sale a cuenta dejar el coche abajo y subir en el teleférico. Además en época de nieve esa carretera suele estar cerrada.

Vistas desde el cerro Otto

A la mañana siguiente fuimos siguiendo la ruta de los siete lagos hasta San Martin de los Andes.
Esta ruta es una de las más bonitas donde en la distancia de unos 200 km que separa Bariloche de San Martin de los Andes se encuentran siete lagos, y miradores desde donde se puede disfrutar de unas vistas preciosas. Nosotras no tuvimos mucha suerte ya que el día estaba muy tapado y lloviznaba.

San Martin de los Andes es un precioso pueblo que se encuentra a la orilla del lago Lácar. Nos alojamos en unas acogedoras cabañas de madera cerca del lago. El pueblo está lleno de chocolaterías, así que no pudimos resistirnos y esa misma tarde fuimos a degustar un submarino, típico en argentina, se trata de un vaso de leche caliente donde se introduce una porción de chocolate negro que se va deshaciendo, hasta fundirse con la leche. Éste sin duda, fue el mejor submarino que probamos.

Llegando a San Martin

Lago Lácar

Cabañas donde nos alojamos en San Martin

El famoso submarino

Al día siguiente lo pasamos en la carretera, hicimos parada en Villa Mercedes para dormir y continuar hasta Cordoba.

Llegamos después de dos semanas y 8000 km recorridos, fue un viaje muy cansado ya que las carreteras en la Patagonia son rectas interminables, donde muchas veces no ves pasar ni un solo coche. Hay que conducir con precaución ya que muchos tramos están en mal estado, sumado a la cantidad de animales que muchas veces cruzan la carretera. A pesar de todo lo volveríamos a repetir, ya que de esta manera vives mucho más la Patagonia, viendo como van cambiando los paisajes de manera gradual desde el árido desierto de La Pampa, los imponentes glaciares, hasta los coloridos paisajes de Río Negro.

Y llegó el momento de las despedidas, después de un mes en Argentina tocaba decir adiós, gracias a Yordalys por su alegría y tratarnos con tanto cariño, a Luis por estar siempre pendiente de nosotras, al tío Jorge por enseñarnos a bailar salsa, al tío Miguel por acompañarnos en la aventura por Buenos Aires, y al tío Julio por abrirnos su corazón y acompañarnos en esta aventura. No es un adiós si no un hasta pronto… GRACIAS POR TANTO!! Os queremos!!

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