Isla de Pascua

Isla de Pascua se encuentra a unas 5h de vuelo desde Santiago de Chile. Aunque pertenece a Chile, ellos se sienten más identificados con la cultura Polinesia, y de hecho después de nuestro paso por la isla, damos fe que así es.

Nuestra idea era estar unos 4 días ya que según mucha gente, hay más que de sobra para visitarla. Por suerte, al no haber vuelo de vuelta, tuvimos que estar una semana, y no nos arrepentimos ya que sólo pisar la isla sentimos que era un lugar mágico del que sería difícil marchar.
Nos alojamos en el Camping Mihinoa en primera línea de mar y donde se podía disfrutar de un hermoso atardecer.
Habíamos leído que los precios en la isla eran bastante elevados, así que como mucha gente hace, compramos alimentos en Santiago para esos días. Incluso es común ver en el aeropuerto gente equipada con neveras.
Llegamos por la noche y allí nos esperaban los dueños del camping con un collar de flores como recibimiento.

Camping Mihinoa

Al día siguiente aprovechamos la mañana para ir al pueblo y organizar los días en la isla. Contratamos para el día siguiente un tour por el norte de la isla, ya que a parte de visitar alguno de los lugares más importantes, te explican la historia, y creemos que es importante hacerlo para entender mejor esta cultura y el origen de sus famosos moais.

Los moais son antiguas estatuas de piedra esculpidas por artesanos rapanuis empleando roca volcánica. Éstas se colocaban en plataformas ceremoniales, representando a sus ancestros gobernantes o antepasados importantes que después de muertos tenían la capacidad de extender su poder espiritual sobre la tribu para protegerla. Muchos de ellos fueron derribados durante los violentos episodios que tuvieron lugar en la época de decadencia de la cultura rapanui. Hasta 1960 se sabe que el estado de conservación era relativamente bueno a pesar de que muchas estatuas yacían con el rostro mirando hacia el suelo. Pero ese año se registró uno de los terremotos más grandes de la historia provocando un tsunami que llegó a Isla de Pascua impactando directamente en Tongariki.

Esa misma tarde fuimos a ver el atardecer a Ahu Tahai, es el mejor lugar para verlo y se encuentra a tan solo cinco minutos del pueblo de Hanga Roa. Es uno de los asentamientos más antiguos de la isla.

Al día siguiente hicimos el tour, la primera parada fue el templo Ahu Akahanga donde se encuentra los restos de lo que fue una antigua aldea. Frente al mar, se alza la plataforma de 18 metros de longitud que no ha sido restaurada, con lo que uno de hace una idea del estado en que quedaron los ahu en la época de decadencia de la isla. Los 13 moais aparecen derribados tanto boca arriba como boca abajo.

De allí nos dirigimos a Te Pito Kura el moai más grande jamás levantado. Permanece en la misma posición en la que quedó cuando fue derribado hace casi dos siglos. Junto al ahu se encuentra una gran piedra redonda y lisa, se dice que concentra una energía magnética y sobrenatural llamada mana. Por su alto contenido en hierro, esta piedra se calienta más que las demás y ocasiona que las brújulas se comporten de forma extraña. Te Pito o Te Henu significa ombligo del mundo y es uno de los nombres con los que se conoce Isla de Pascua.

Piedra magnética mana

Luego nos dirigimos a 15 moais o Ahu Tongariki el mayor centro ceremonial de la isla. Llama la atención la variedad en la forma y el tamaño de las estatuas, esto podría ser debido a las distintas épocas en que fueron fabricadas. Como pasó con el resto de ahu tras el tusanami, este centro ceremonial quedó destrozado, y pasaron más de tres décadas para que se iniciaran los primeros trabajos de restauración. Antiguamente todos los moais del Ahu Tongariki portaban un pukao sobre su cabeza, pero durante la restauración solo se pudo colocar uno sobre el segundo moai, el resto estaban demasiado erosionados.

De allí fuimos a Rano Raraku, la cantera de los moais. Este volcán se convirtió en la cantera donde se esculpieron casi todas las estatuas halladas en Isla de Pascua. Aquí se tallaban para luego ser transportados hasta los ahu repartidos a lo largo de toda la costa.

Y por ultimo Ahu Nau Nau y la playa de Anakena considerada la cuna de la historia y la cultura de Isla de Pascua, ya que aquí fue donde el primer rey de la isla desembarcó con sus hombres y estableció el primer centro poblado que dio origen a la cultura rapanui.
Ahu Nau Nau esta formada por siete moais, es uno de los conjuntos mejor conservados de la isla, ya que estuvieron ocultos bajo la arena cuando fueron derribados lo que los protegió del desastre climático.

Playa Anakena

Playa Anakena

Ahu Nau Nau

Allí conocimos a Aina, una catalana que está viviendo en Isla de Pascua con su hija hace 1 año y con la que lleva viajando varios años. Nos pasamos el contacto para volvernos a ver antes de irnos.

A la derecha está Aina, es la única foto que tenemos de ella…

Al día siguiente alquilamos un coche para recorrer la isla, y nos dirigimos a Orongo donde se encuentra el cráter de Rano Kau, originado tras una explosión que arrancó la cima del volcán formando el paisaje que se puede observar en la actualidad. Este cráter forma un microclima donde las plantas son protegidas del viento y la salinidad del mar, además brinda resguardo de la acción humana, el ganado suelto y los incendios, por eso se puede decir que es un gigantesco invernadero que juega un papel fundamental en la conservación de la flora nativa de Rapa Nui.
En Orongo tenia lugar la competición del hombre pájaro. Era una ceremonia anual donde los jefes de distintas tribus competían para conseguir el primer huevo del pájaro Manutara que llegaba para anidar en el islote Motu Nui.
En esta, los participantes descendían por el acantilado y nadaban hasta Motu Nui, donde permanecían días o semanas esperando la llegada de los manutara, hasta que alguno de los participantes encontraba un huevo. El ganador llegaba a la aldea y era investido como hombre-pájaro.

Orongo

Al fonde se puede ver el islote Motu Nui

De allí fuimos a Vinapu, complejo arqueológico que se compone de dos ahu (altares), aquí al igual que en otros centros ceremoniales, todos los moais fueron derribados.

Esa noche siguiendo las recomendaciones de Joana, una chica chilena que vive en la isla, fuimos a ver un espectáculo de bailes tradicionales. Aunque hay varios centros, nos decantamos por el Kari Kari que es la escuela de bailes Rapa Nui. Justo ese día se cumplían 6 meses de viaje, así que que mejor manera de celebrarlo que viendo a esos dioses bailando jajajaja. Y como no, acabamos bailando en el escenario. Bromas a parte, es un espectáculo muy recomendable.

6 meses!!

Otro día fuimos a Ana Te Pahu o Cueva de los Plátanos, que es una de las más espaciosas de la isla y que en la antigüedad era utilizada como reserva de agua.
De allí nos dirigimos a Ahu Akivi, los únicos moais que miran al mar, el resto miran hacia las comunidades que protegen. Este centro ceremonial presenta una orientación astronómica, ya que sus moais miran directamente al sol poniente durante los equinoccios.
Ese mismo día fuimos a la cantera de Puna Pau, donde se fabricaban los Pukaos o tocados de color rojo que se colocaban sobre la cabeza de algunos moais, se cree que representa el pelo amarrado en un moño tal como era la costumbre polinésica.

Ana Te Pahu

Ana Te Pahu

Ahu Akivi

Ahu Akivi

Cantera de Puna Pau

Cantera de Puna Pau

Una de las cosas que nos llamó la atención en la isla, fue el cementerio que se encuentra completamente integrado con el pueblo, con muros bajos, llenos de flores, luces y adornos, normalizando un tema que impone tanto respeto como es el de la muerte.

Aina nos comentó que se organizaba una fiesta benéfica en el centro de eventos Vai Te Mihi donde actuarían los grupos musicales más conocidos de la isla. Aunque Aina finalmente no pudo acompañarnos, allí nos encontramos con Joana y disfrutamos de una divertida noche.

La noche del sábado quedamos con Aina y unos amigos para cenar en casa de uno de ellos. Prepararon unas pizzas y estuvimos charlando un rato. De allí nos fuimos a la única discoteca de la isla, donde conocimos a Laia, una chica de Barcelona, y Coni, una chica chilena, con las que compartimos esa noche.

Uno de los mejores sitios para ver el amanecer es Ahu Tongariki, así que después de varios intentos fallidos, un día la puerta del camping estaba cerrada con lo que no pudimos sacar el coche, otro amanecía nublado… Finalmente pudimos presenciar otro inolvidable espectáculo de la naturaleza, la salida del sol por detrás de la figura de los moais.

Definitivamente Isla de Pascua nos cautivó, tanto su cultura e historia como sus paisajes y su gente. Creemos que vale la pena viajar hasta allí a pesar de su costo, y que 4 días para nosotras no hubieran sido suficientes, ya que además de las visitas a los lugares más importantes disfrutamos de la isla, viviendo despacio y saboreando cada pequeño detalle.

Gracies Aina per la teva generositat, obrint-nos les portes i deixant-nos formar part de la teva illa..

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