Brasil

Brasil no estaba en nuestros planes, pero debido a un cambio de fechas de vuelos, nos sobraban 2 semanas, y como todo el mundo, sobretodo en Argentina, hablaban maravillas de este país, decidimos poner rumbo hacia allí aunque fuese por poco tiempo.

Dividimos nuestro días entre Rio de Janeiro y Florianópolis. En Rio nos alojamos en el hostal Lemon Spirit en el barrio de Leblon, cerca de Copacabana e Ipanema. Fue una buena elección ya que es un barrio tranquilo y seguro, y muy cerca de la playa.
Nuestro vuelo llegó ya de noche, así que ese día nos fuimos a dormir directamente. Y como teníamos muchas ganas de playa después de nuestro paso por la Patagonia, el día siguiente lo pasamos tumbadas al sol, y viendo el atardecer en Ipanema donde tomamos nuestra primera caipirinha, y nos alegramos la vista entre surferos y la cantidad de cuerpos fibrados que se reúnen en las playas para hacer ejercicio, nos entraron ganas de ponernos a hacer flexiones!!

Por la noche nos reunimos con la gente del hostal en la terraza, y conocimos a Marianela, una chica argentina con la que compartimos la mayor parte de nuestros días en Rio. De allí nos fuimos al barrio de Lapa donde los viernes se puede disfrutar de la música en la calle y de sus gentes bailando samba. Es un barrio un poco conflictivo, así que hay que vigilar de no salirse de las zonas recomendadas, y no llevar objetos de valor encima.

Música en directo en uno de los locales de Lapa

Al día siguiente amaneció lloviendo con lo que aprovechamos para visitar el Museo do Amanha.
Nos pareció un lugar muy recomendable y que nos hizo tomar consciencia de lo que los seres humanos somos capaces de provocar, y como el cambio climático está afectando a nuestro planeta.

Esa noche quedamos con Gian, un chico brasileño que conocimos en Perú. Nos comentó que hacían una fiesta cerca de nuestro hostal, y allí fuimos junto a Marianela. Fue una noche muy divertida, que se alargó hasta las 6 de la mañana, donde pudimos disfrutar de un autentico ambiente brasileño, ya que de no ser por Gian, seguramente hubiésemos acabado en un local más turístico.
Al día siguiente, después de dormir apenas 3 horas, nos fuimos a Corcovado a visitar al famoso Cristo Redentor, una figura icónica para Rio que con sus brazos abiertos simboliza el abrazo a la ciudad brasileña. Compartimos el día con un chico del hostal, que al saber que estábamos viajando por tiempo no nos dejó pagar el Uber. De vuelta le comentamos al conductor si nos podía llevar al Mirador de Santa Marta, donde se puede disfrutar de unas vistas espectaculares de la ciudad y del Cristo de fondo.

Vistas desde Corcovado

Por la tarde fuimos con Marianela a probar el famoso helado de Açaí, fruto de la palmera que crece en estado silvestre al Norte de Brasil, en especial en el Amazonas, y al cual se le atribuyen numerosas propiedades.

De ahí fuimos al hostal para darnos una ducha y prepararnos para ir a Fuska, un bar que nos recomendaron nuestros amigos brasileños, donde pudimos disfrutar de música en directo mientras cenábamos.

Tapeando en el Fuska bar

Por la mañana, siguiendo las recomendaciones del conductor que nos llevó a Corcovado, fuimos a Prainha, una pequeña playa a unos 40 min en coche desde Leblon, donde pasamos el día. Aunque hacía sol el mar estaba revuelto, y en más de una ocasión tuvimos que salir corriendo detrás de las cosas que el mar se llevaba, así fue como Sonia perdió las chancletas y acabamos en un centro comercial, donde nos llamaron la atención porque está prohibido entrar descalzo, al final pudimos entrar con la condición de ir directas a la tienda de havaianas a calzarse!

Pescadito frito en Prainha

Aunque nuestra intención era quedarnos una noche más en Rio, al no haber sitio en el hostal, al día siguiente pusimos rumbo a Florianópolis.
Después de hacer la mochila y despedirnos de Marianela, fuimos a la estación de autobuses, ya que descartamos la opción del avión por su elevado precio. El trayecto en bus dura unas 20h, donde aprovechamos para leer, ver alguna película y recuperarnos de los ajetreados días en Rio.

Florianópolis es una isla que se encuentra al sur de Brasil y es capital del estado de Santa Catarina. Es famosa por sus playas, su Lagoa de Conceiçao, una laguna de agua salada famosa por la práctica del windsurf y la navegación, donde nos alojamos. Es una zona con mucho ambiente, aunque al ser época baja estaba bastante tranquila.
En esa isla hay varias trillas o trekkings para hacer, pero nosotras teníamos ganas de playa y relax, así que cuando el tiempo nos lo permitía, allá que íbamos!

Las que teníamos más cerca eran Playa Mole y Joaquina, muy concurrida por los surfistas y donde fuimos más de un día.
En las playas de Brasil nos llamó la atención la cantidad de vendedores ambulantes que hay, vendiendo desde todo tipo de bebidas y comidas, hasta biquinis y vestidos. Así nos declaramos clientes numero uno, probamos las caipirinhas, nos compramos un vestido, bikinis no porque no nos cabía el culo en esas mini bragas, y nos aficionamos al queijo na brasa, un queso hecho a la brasa con orégano. Incluso Sonia que no le gusta el queso los comía de dos en dos.

También aprovechamos para salir un par de noches a tomar algo mientras escuchábamos música en vivo. En uno de los locales conocimos a Karis y sus amigos con los que compartimos momentos muy divertidos, y con la que coincidimos el último día en Playa Joaquina.

Dalai, un amigo de tio Julio que se encontraba en la isla esos días, nos invitó a una actividad de limpieza de playas que se realiza varias veces al año en Florianópolis, lamentablemente a última hora se tuvo que suspender debido al mal tiempo. Ese día como no paraba de llover, aprovechamos para ir al centro comercial y al cine, donde vimos la película Thor en portugués.
Esa noche en el hostal nos juntamos todos para hacer una barbacoa.

Cenando en un japonés

De allí regresamos a Rio donde nos esperaba Marianela que seguía en el hostal, esta vez acompañada de su amiga Mora. Ese día nos quedamos en el hostal ya que hacía mal tiempo. Al día siguiente nos levantamos temprano para ir a las Escaleras de Selaron en el barrio de Lapa. Estas escaleras se han convertido en un símbolo para la ciudad con sus 215 peldaños cubiertos por más de 200 azulejos diferentes procedentes de más de sesenta países diferentes.

Después fuimos a los Murales de Eduardo Kobra, el mural de arte callejero más grande del mundo, titulado Etnias y que es un homenaje a la unión de los pueblos en pleno desarrollo de los Juegos Olímpicos del 2016.

Y por último visitamos el estadio de futbol de Maracaná, el más grande de Brasil, y hasta hace poco el más grande del mundo.

Ester dirigiendo al equipo

Esa tarde fuimos con Mora al Pâo de Sucre, con la mala suerte que cuando llegamos allí, solo se podía llegar hasta Morro de Urca, a mitad del recorrido ya que esos días el tramo hasta Paõ de Sucre estaba cerrado por mantenimiento.

Regresamos al hostal donde nos esperaba Marianela para ir a cenar y disfrutar de nuestra última noche en Rio. Como broche final acabamos en Lapa, disfrutando de unas caipirinhas mientras bailábamos y reíamos sin parar. Sin duda fue una gran despedida! Y para acabar la noche terminamos de vuelta al hostal en un taxi donde el conductor era un conocido cantante de funky y protagonizamos un improvisado videoclip!

Cenando con las chicas

Marianela y Mora se convirtieron en amigas de viaje, esos extraños destinados a conocerse para vivir aventuras únicas mientras descubren y exploran el mundo. Amigas de esas que son para siempre… Y así es como Rio se fue colando en nuestros corazones, y estamos convencidas de que nos volveremos a ver, porque a las pocas horas de irnos ya teníamos saudade de ti.

2 comentarios

  1. Me chiflan los videos!!!!!!! ❤️

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