Japón

En Japón hemos estado un total de 30 dias. Cómo hay mucho que explicar vamos a dividir por apartados este post.

Tokio:

Llegamos a Tokio en época de hanami ( floración de los cerezos) así que los primeros días aprovechamos para visitar los lugares de la ciudad donde se concentran estos preciosos árboles y dónde la gente se reúne para disfrutar de este acontecimiento. Para los japoneses el hanami no es sólo pasear y maravillarse con este fenómeno de la naturaleza, también es reunirse con familiares y amigos en parques para hacer un picnic bajo los cerezos en flor.

El primer día por la mañana nos dirigimos al barrio de Asakusa y paseamos por el parque Sumida, aquí los cerezos florecen a lo largo del rio Sumidagawa, también se puede disfrutar de unas bonitas vistas de la torre Tokyo Skytree.

Asakusa también es conocido por su famoso templo Sensoji, el templo budista más antiguo de  Tokyo y uno de los mas importantes.

Nos dirigimos al parque Chidorifugachi que está situado alrededor del Palacio Imperial. Es uno de los mejores lugares para disfrutar del hanami paseando bajo el precioso túnel que forman los cerezos en flor a lo largo del camino.

De allí fuimos al barrio de Harajuku, el barrio más fashion de Tokyo y una de las zonas más bulliciosas de la ciudad, lugar de referencia para la moda y la cultura juvenil.
Como el hambre apretaba hicimos una parada para comer en el restaurante de sushi Heiroko, un local de sushi giratorio que nos habían recomendado.

Al siguiente día fuimos al mercado de pescado de Tsukiji, aunque en principio teníamos pensado ir a la famosa subasta de atún que tiene lugar de madrugada, después de leer que se debía estar allí sobre las 2 de la madrugada para asegurarte la plaza, decidimos ir directamente a visitar el mercado durante el día. Es una visita que merece la pena, está lleno de restaurantes donde degustar el mejor pescado fresco.

Después de pasear por el mercado nos fuimos hasta el barrio de Shibuya. Sólo salir de la estación se pude ver la famosa estatua de Hachikō, el perro más famoso de Japón.
Shibuya es uno de los barrios más emblemáticos de Tokyo, y conocido sobretodo por su popular cruce por donde pasan a diario 1 millón de personas. Aprovechamos para tomar algo en el segundo piso de la cafetería Starbucks, que se encuentra justo enfrente y desde donde se pueden disfrutar de una de las mejores vistas del cruce.

Paseando por las calles de Shibuya nos encontramos con un local repleto de distintos fotomatones y grupos de adolescentes haciendo cola. Así que allí fuimos! Como no sabíamos muy bien como funcionaban ni la diferencia entre los distintos fotomatones, decidimos seguir a las expertas y nos pusimos a la cola. Nos lo pasamos bomba haciendo las diferentes posturas que nos iba indicando el fotomatón y después retocando las fotos. Una de las cosas que más nos sorprendió fue que disponen de tocadores y vestuarios donde se arreglan antes de la sesión de fotos, incluso alquilan planchas del pelo.

Por la noche fuimos al barrio Akihabara conocido por ser uno de los centros de la electrónica del país y donde se pueden encontrar tiendas de videojuegos, manga… Vamos lo que viene siendo el barrio friki de Tokyo. Allí hablamos quedado con los chicos de sigueviajando, que conocimos hace 6 meses en Chile. Pasamos un buen rato charlando y compartiendo anécdotas del viaje mientras probábamos por primera vez la carne de Kobe, aun babeamos cada vez que la recordamos.

Matsumoto:

Al día siguiente, como todavía no teníamos el Japan Rail Pass activado, fuimos en bus hasta Matsumoto, ya que salía a mitad de precio que el tren.

Matsumoto es conocido por su famoso castillo de color negro y considerado uno de los más bonitos de todo Japón. Cuando llegamos a la entrada vimos que habían voluntarios que hacían visitas guiadas tanto en inglés como en español, totalmente gratis, no aceptan propinas. Así que decidimos hacer la visita guiada y así conocer mejor la historia del castillo.

Vistas desde el castillo

Una vez terminada la visita, compramos comida para llevar y volvimos a los jardines del castillo donde comimos con unas vistas inmejorables. Como postre probamos un helado de flor de cerezo acorde con la estación.

Pasamos el resto de la tarde paseando por sus calles antes de dirigirnos al siguiente destino.

Takayama:

Llegamos en bus desde Matsumoto. Takayama se encuentra en la región montañosa de Hida, en los Alpes Japoneses, cosa que notamos cuando nos íbamos acercando a la zona y veíamos todas las montañas nevadas. Semanas antes en Tailandia habíamos tirado nuestros abrigos pensando que no los necesitaríamos más, así que los siguientes días no nos quedó otra que ponernos todas las capas de ropa que teníamos en la mochila.

Takayama nos enamoró desde el primer minuto con sus casas tradicionales y su precioso casco antiguo, donde pasamos horas paseando entre sus callejuelas.
Esta zona también es conocida por la carne de Hida, así que no nos pudimos resistir a probar el sushi hecho con ella.

“Sarubobo”. Las abuelitas de Gifu fabricaban estos muñecos para sus nietos no sólo como juguetes sino también como amuletos de la suerte.

Visitamos el templo Hida Kokubun-ji, uno de los más antiguos de la ciudad y cruzamos el puente rojo Nakabashi que cruza el río Miyagawa.

Por la noche salimos a cenar y acabamos en un pequeño local donde comimos un delicioso Ramen.

Al día siguiente fuimos a visitar la zona de templos que queda más retirada del centro, pero empezó a llover y decidimos volver al centro donde comimos un Beef Bun, un tipo de pastel relleno de carne de Hida.
Esa tarde la pasamos en el hostal trabajando en el blog.

Beef Bun

Shirakawago:

Al día siguiente cogimos el bus a Shirakawago, aldea histórica declarada Patrimonio de la Humanidad y conocida por sus típicas casas de tejado triangular hecho de paja. Nuestros peores temores se hicieron realidad cuando esa misma tarde empezó a nevar, por suerte durante la mañana pudimos aprovechar para visitar la aldea y subir al mirador donde disfrutamos de unas fabulosas vistas panorámicas.
Estuvo nevando toda la noche y toda la mañana siguiente, así que sólo salimos para comer y comprar provisiones. Compartimos momentos muy divertidos con la mujer que regenta el hostal otra huésped adorable que no paraba de darnos de comer y hablarnos en japonés como si la entendiéramos!

Kanazawa:

Llegamos a Kanazawa desde Shirakawago en bus, mientras esperábamos en la estación de autobuses de Kanazawa al bus que nos llevaría a la zona del hostal, se nos acercó un hombre que nos empezó a preguntar que de donde éramos y hacia donde queríamos ir. Casualmente íbamos en el mismo bus y él bajaba una parada antes, así que nos explicó donde bajar y como llegar hasta el hostal, incluso nos pagó el billete de autobús, aunque le dijimos que no hacía falta, nos pidió por favor que lo aceptáramos como un regalo. Esta es una de las cosas que más nos sorprenden de Japón, la amabilidad de su gente.

En Kanazawa sólo pasamos una noche, así que sólo llegar al hostal dejamos las mochilas y nos fuimos a visitarla.
Nos dirigimos a los jardines Kenrokuen, uno de los tres jardines más bonitos de todo Japón, sólo cruzar la puerta eres consciente de ello.

De allí fuimos paseando hasta el barrio Samurai Nagamachi con sus callejuelas empedradas y sus casas tradicionales, uno de los lugares más emblemáticos es la casa de Samurai Nomura, donde aprovechamos para entrar a visitarla.

Continuamos hasta el barrio de geishas de Nishi Chaya-gai, uno de los tres barrios de geishas de Kanazawa. Se trata de una pequeña calle tradicional de unos 100 metros de largo, allí entramos al museo Nishi Chaya Shiryokan, una antigua casa que muestra la historia del barrio.

Hiroshima:

De camino a Miyajima paramos en Hiroshima, ciudad tristemente conocida por el ataque de Estados Unidos con la primera bomba atómica en 1945.
Visitamos el Parque Conmemorativo de la Paz donde se encuentra el monumento con los nombres de las víctimas y la Llama de la Paz que sólo se extinguirá cuando la última arma nuclear del planeta haya sido destruida.

Llama de La Paz

Cerca de allí se encuentra el Monumento de la Paz de los Niños dedicado a Sadako Sasaki, la cual enfermó de leucemia y estaba convencida que se recuperaría si cumplía su objetivo de hacer 1000 grullas de papel, pero fallecido antes de alcanzarlo, así es como movilizó a todo el país para hacer grullas de papel.

La Cúpula de la Bomba es el símbolo principal de la destrucción en Hiroshima, estar allí delante nos dejó sin palabras.

Finalmente visitamos el Museo Conmemorativo de la Paz donde se puede ver una colección de objetos que dejaron las víctimas, fotografías y documentos que muestran el desastre de la bomba atómica, además se puede ver como era la ciudad antes y después de la bomba.
Con el corazón encogido nos dirigimos a nuestro siguiente destino, Miyajima.

Miyajima:

Miyajima es una isla que se encuentra dentro de la Bahia de Hiroshima. Llegamos con el ferry y después de dejar las mochilas en el alojamiento nos fuimos hasta su famoso Tori gigante para ver uno de los mejores atardeceres que nos regaló Japón.

Al día siguiente por recomendación del dueño del hostal nos fuimos a hacer la ruta Momijidani, que lleva hasta la cima del monte Misen, el pico más alto de la isla y considerada una montaña sagrada. Esta ruta es la más empinada y estuvimos más de 2h subiendo hasta llegar a la cima medio muertas.

En la cumbre se encuentran un conjunto de templos y un pequeño observatorio donde se ve toda Miyajima.

De bajada fuimos por la ruta que conduce al templo Daisho-in que es más fácil y al ser bajada es menos cansada.
El templo Daisho-in nos encantó, se trata de un templo de la secta Shingon, lo que más nos sorprendió es que está lleno de figuras Jizo, éstas se consideran guardianes de los viajeros, de los niños y la maternidad, por eso se les ofrecen gorros y bufandas de lana para que no pasen frío.

Esa tarde volvimos al tori para ver de nuevo el atardecer y despedirnos de Miyajima.

Himeji:

Al día siguiente de camino a Osaka paramos en Himeji para visitar su famoso castillo, al cual se le conoce por el apodo de la garza blanca ya que ofrece el aspecto y la belleza de una garza blanca que extiende sus alas.

Vistas desde el castillo

Antes de coger el tren que nos llevaría a Osaka aprovechamos para dar una vuelta por la ciudad y merendar en la cafetería de la Kitty.

De Osaka no pudimos visitar nada ya que llegamos tarde y sólo pasamos una noche antes de poner rumbo a Koyasan.

Koyasan:

Koyasan es el centro neurálgico de unas de las sectas budistas más importantes del país, Shingon, es un lugar ideal para relajarse y para probar la experiencia de dormir en un templo budista, participando de los rezos matutinos.

Funicular de acceso a Koyasan

Además de visitar los distintos templos del lugar, fuimos a Okunoin el cementerio más grande del país y visita obligada, allí se encuentra el mausoleo de Kobo Daishi fundador de la doctrina Shingon.
Recorrimos el cementerio siguiendo el camino principal que tiene una longitud de 2km, rodeado de enormes árboles milenarios que hacen de él un lugar húmedo y oscuro.

Visitamos algunos de sus templos y la famosa puerta Daimon, entrada al monte Koya desde tiempos remotos.

Pasamos la noche en uno de los monasterios donde a la mañana siguiente pudimos presenciar el rezo de los monjes. Después de eso nos sirvieron un desayuno vegetariano antes de marchar hacia Kinosaki.

Nuestra habitación

Kinosaki:

Kinosakionsen es un pequeño pueblo situado al norte de Japón conocido principalmente por sus onsen o baños tradicionales.
La mayoría de alojamientos incluyen un pase para entrar a los 7 baños del pueblo. Aunque cuando llegamos llovía, nos pusimos la tradicional yukata (kimono de algodón) y nos dirigimos hacia los baños.
Para entrar en los onsen se han de seguir unas normas, entre ellas desnudarse completamente, sólo puedes llevar una pequeña toalla de mano, estos baños están separados hombres y mujeres. Son aguas que tienen grandes propiedades ya que proceden de la actividad volcánica de la tierra. Nosotras no aguantamos mucho rato dentro de los baños por sus altas temperaturas, pero es una actividad muy recomendable.
Al día siguiente, ya con las pilas cargadas, pusimos rumbo a Kyoto.

Habitación en Kinosaki

Kinosaki

Preparadas para ir a los onsen!

Kyoto:

Kyoto fue la capital de Japón durante más de 1000 años y posiblemente la ciudad más importante de Japón desde el punto de vista histórico, es por eso que decidimos pasar en esta ciudad 6 noches.

Llegamos al hostal casi a la hora de comer, así que después de dejar las mochilas fuimos directas al mercado de Nishiki, especializado en puestos de pescados, carnes, verduras… y donde aprovechamos para comer y pasar la tarde.

Al día siguiente fuimos a visitar el Templo Kinkakuji o Pabellón Dorado que tiene la particularidad de tener las paredes exteriores recubiertas con pan de oro. Aunque había mucha gente este templo nos encantó.

De aquí nos dirigimos al Templo Ryoanji conocido por su jardín seco, muy famoso en todo Japón. Este jardín está compuesto por 15 rocas situadas sobre musgo y rodeadas de arena. Hay muchas teorías sobre el significado del diseño del jardín pero sea cual sea, la verdad que es un lugar en que se respira paz.

Aprovechamos la tarde para hacer algunas compras y pasear junto al río Shirakawa.

A la mañana siguiente madrugamos para poder visitar el santuario Fushimi Inari a primera hora, antes de que se llenase de gente.
Este santuario se encuentra situado al sur de Kyoto y es uno de los más conocidos de todo Japón.
Valió la pena el madrugón ya que pudimos visitarlo prácticamente solas.

De allí aprovechando que es la misma línea de tren, nos dirigimos a Nara, un a vez allí fuimos directas a Nara-koen un extenso parque lleno de ciervos que son todo un símbolo de Nara y uno de sus grandes atractivos. En esta zona se concentran los principales puntos de interés. Muchos turistas compran las galletas para ciervos que venden a lo largo del recorrido, aunque hay que vigilar ya que estos animales no son tan inofensivos como parecen.

Visitamos el Templo Todaiji en el interior del cual está el Gran Buda de Nara, la mayor escultura de Buda de todo Japón. Uno de los pilares que sujeta la estructura presenta un agujero del tamaño del orificio de la nariz del Gran Buda, se dice que si puedes pasar por él, conseguirás la iluminación el la próxima vida. Nosotras después de probar todos los kit-kat y dulces de Japón, ni se nos pasó por la cabeza intentarlo, quizás en otra vida…

Otra de los lugares que más nos gustó fue la pagoda de 5 pisos del templo Kofukuji, la segunda pagoda más alta de Japón.

De vuelta a la estación vimos un supermercado y aprovechamos para comprar la cena de aquella noche.
Una vez en el hostal mientras preparábamos la cena, conocimos a un grupo de argentinos que pasaban esa noche en el hostal. Al final acabamos charlando y bebiendo hasta altas horas de la madrugada, por suerte para nosotras a la mañana siguiente no teníamos que madrugar, y menos mal porque la resaca fue bastante importante.
Ese día lo tomamos con calma, ya por la tarde, después de comer fuimos al barrio de Gion, uno de los barrios de geishas más populares de todo Japón, y donde a partir de las 5 de la tarde, si tienes suerte, puedes ver alguna geisha pasando a toda prisa camino a las citas con sus clientes.

A la mañana siguiente tocó de nuevo madrugar para dirigirnos a la zona de Arashiyama donde se encuentra su famoso bosque de bambú. Aunque llegamos muy temprano ya había bastante gente, con lo que después de estar esperando para hacer una buena foto, decidimos irnos y volver de nuevo al día siguiente pero esta vez, más pronto.
Por la tarde fuimos a visitar el santuario Yasaka donde según dicen se consagró el dios de las artes tradicionales. De allí fuimos al templo Chion in donde se filmó una de las escenas de la película “El último Samurai”.

Santuario Yasaka

Templo Chion

El último día en Kyoto nos despertamos a las 4:45 para coger el primer tren hacia Arashiyama, esta vez tuvimos más suerte, y aunque ya había gente, finalmente pudimos hacer la foto que queríamos.

Esa tarde teníamos entradas para ver un espectáculo de geishas en el teatro de la Universidad de las Artes. Éstas se preparan durante todo el año para la ocasión, así que vale la pena verlo, no tiene nada que ver con los que se realizan durante todo el año para los turistas. La mayoría de la gente que había en el teatro eran japoneses. Tanto la puesta en escena como la música y los bailes tradicionales fueron espectaculares. No permitían hacer fotografías, así que no podemos enseñaros imágenes del evento.

Al día siguiente poníamos rumbo a Magome donde haríamos parte de la ruta Nakasendo.

Magome:

La ruta Nakasendo era utilizada antiguamente por samurais y mercaderes, fue una de las principales rutas que conectaban Tokyo y Kyoto durante el periodo Edo.
Los pueblos de Magome y Tsumago son dos de las antiguas estaciones de descanso de la ruta Nakasendo, y actualmente es el tramo más popular entre los turistas.

Como pasamos 2 noches en Magome, decidimos hacer la ruta el segundo día, levantándonos temprano y así evitando la gente y el calor.
Hicimos la ruta de Magome a Tsumago ya que el camino es principalmente de bajada, ésta dura unas 2h y media. Durante el camino cruzamos bosques, pasamos junto a arroyos y pequeñas cascadas, regalándonos momentos imborrables.

Magome

Magome

Magome

A lo largo del camino se pueden encontrar campanas que debes hacer sonar para asustar a los osos.

Llegamos a Tsumago otro bonito pueblo tradicional, donde pasamos la mañana paseando entre sus bonitas calles antes de coger el bus de vuelta a Magome.

Esa noche la pasamos en Tajiyama, un ryokan donde además de una excelente atención, nos dieron una fabulosa habitación dividida en dos ambientes, uno para dormir y otro como salita de relax. Esa noche también nos sirvieron una exquisita y abundante cena. Al día siguiente después de desayunar en el ryokan nos dirigimos a Hakone donde pasaríamos las siguientes 2 noches.

Hakone:

Hakone es un importante punto turístico debido a sus onsen y porque es uno de los sitios desde donde disfrutar de preciosas vistas del monte Fuji, si tenemos suerte, nosotras no la tuvimos…

En Hakone compramos el Hakone Free Pass que te permite hacer la típica ruta de los transportes que incluye el teleférico, el paseo en barco por el lago y los buses de la ciudad.
Empezamos la ruta en Hakone-Yumoto, donde teníamos el hostal, y donde cogimos el tren hasta Gora. Una vez allí cogimos el funicular hasta Sounzan de donde sale el teleférico de Hakone.
Este teleférico hace una parada en Owakudani, una zona volcánica en plena actividad, repleta de humo y que nos impresionó mucho, es muy grande el contraste al llegar a la zona ya que pasas de un lugar completamente verde a otro seco y árido, en cuestión de segundos.

De allí seguimos hasta el lago Ashi donde cogimos un barco pirata hasta Hakonemachi-ko, donde estuvimos paseando hasta llegar a la zona del mirador del Parque de Onshi-Hakone-Koen, uno de los tres lugares desde donde se puede ver el Monte Fuji, aunque nosotras no pudimos verlo.

Punto de control de Hakone. Antiguamente los viajeros en ruta debían parar en este control y enseñar su documentación y sus pertenencias.

Parque de Onshi-Hakone-Koen

Vistas desde el parque de Onshi-Hakone-Koen

Kawaguchiko:

Kawaguchiko es otro de los lugares desde donde se puede ver el monte Fuji y aunque se encuentra muy cerca no siempre está visible. El día que llegamos estaba completamente cubierto.

Allí pasamos una noche con lo que al día siguiente era nuestra última oportunidad de verlo, y vaya si lo vimos! Ese día madrugamos y sólo abrir la cortina, el Monte Fuji nos regaló una imagen inolvidable, apareciendo majestuosamente ante nosotras.
No perdimos más tiempo, desayunamos y nos fuimos a la pagoda Chureito, desde donde se obtiene una de las mejores vistas de la pagoda con el monte de fondo. Una imagen que para muchos es un auténtico símbolo de Japón.

Tokyo:

Ese mismo día, felices por haber conseguido poder ver el Fuji, volvimos a Tokyo donde pasaríamos los últimos días en el país nipón.
Nos quedaban 5 días para disfrutar de la ciudad y los aprovechamos para ir a los lugares que nos quedaron pendientes y repetir aquellos que nos habían enamorado.

Volvimos al mercado de pescado de Tsukiji

Comimos sushi en uno de los mejores restaurantes del mercado

Uno de los días visitamos Nikko, una aldea de montaña conocida por su famoso santuario Toshogu, donde se encuentra el mausoleo de Tokugawa Leyasu. El santuario llama la atención por sus tallas de madera y su decoración, mezclando imágenes budistas y sintoístas.

Allí también se encuentra uno de los 3 puentes más bonitos de todo Japón, el puente Shinkyo.

Otro de los días fuimos a Kamakura, una ciudad costera conocida también por sus templos y santuarios.
Visitamos el Gran Buda de Kamakura, el segundo Buda más grande de Japón y que se encuentra al aire libre rodeado de naturaleza.

De aquí nos dirigimos al Templo Hase-dera, otra visita obligatoria. Este templo consta de varios niveles, en el primero se encuentra un bonito jardín de flores además de la cueva Benten-kutsu.

El siguiente nivel está repleto de estatuas de Jizo (el protector de los niños). Muchas de las mujeres que han perdido a sus bebés en diferentes circunstancias, ofrecen gorritos, bufandas… entre otras cosas, a estas estatuas.

Una vez en la cima se puede observar la preciosa Bahia de Kamakura.

Cuando estábamos organizando nuestro viaje a Japón, vimos que había un Disneyland en Tokyo, aunque nos hacia muchísima ilusión, en principio lo descartamos, pero al final decidimos ir ya que no queríamos perdernos la oportunidad de vivir esta experiencia, y más aún en Japón donde aún lo viven con más intensidad. Es común ver a grupos de gente vestidos de personajes Disney, así que como bien dice el refrán “allá donde fueras haz lo que vieras”, acabamos con orejas de Minnie en la cabeza.

Fue un día muy divertido y emocionante donde disfrutamos como niñas, y es que “Todos tus sueños pueden hacerse realidad si tienes el coraje de perseguirlos” (Walt Disney)

Resumiendo, Japón nos pareció un país fascinante y muy rico culturalmente. Disfrutamos de sus increíbles paisajes, de su deliciosa comida, sus bulliciosas ciudades y sus encantadoras aldeas, de sus imponentes templos y su fascinante naturaleza, pero sobretodo nos quedamos con la amabilidad de su gente dispuesta a ayudar en todo momento.

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